Valores

El poder de la simplicidad

Simplicidad

Actualmente nos encontramos en un contexto claramente extendido en nuestra sociedad, el cual he querido bautizar con el nombre de la “era de la complejidad”. Pero; ¿Qué es realmente la complejidad? ¿Cuáles son sus efectos en nuestra vida diaria? ¿Cuál es el motivo que subyace en este arraigado comportamiento actual? ¿Por qué valores tan importantes como la simpleza y la claridad han quedado relegadas? La complejidad es una poderosa tela de araña que impregna todo el tejido personal, social y cultural de nuestros días, erigiéndose como el paradigma a seguir por las sociedades civilizadas (principalmente occidentales).

Falsamente hemos creído que ha mayor complejidad y sofisticación en todos los ámbitos, más posibilidades y oportunidades brindamos a los demás. Lo resultante, sin embargo, es todo lo contrario. A simple vista puede parecer que el abánico de posibilidades se amplía, pero la verdad es que la complejidad y la multiplicidad nublan nuestra visión. La realidad se despliega como un catalogo incesante de cosas, situaciones y vivencias complejas y enrevesadas, dispuestas a captar nuestra atención a cada instante. La sobreabundancia de opciones y estímulos producen en la persona una situación de indefensión, indecisión y tensión constantes.

La complejidad destruye todo atisbo de tranquilidad, sosiego y creatividad. Nuestro mundo caótico no da respiro, siempre demandando nuestra atención por diversos motivos que se interrelacionan entre sí. En este contexto resulta difícil realizarse, enfocarse y tener claridad para determinar como se deben cumplimentar nuestros objetivos y visiones. Todos los grandes genios han sido personas que han desarrollado un sútil pero poderoso sentido de la simpleza.

La simpleza responde a una capacidad genuina en el ser humano: determinar con claridad y eficacia, cuales son los pequeños pasos que hay que aplicar para marcar la diferencia. Las personas con éxito y visión son personas que generan ambientes propicios que insten a la máxima y más eficaz concentración. ¿Y cómo se obtiene un marco que favorezca esa concentración? Produciendo espacios simples, diáfanos y abiertos que produzcan ese marco de excelencia. Henry Wodsworth define la simpleza de manera muy elocuente: “En el carácter, en la manera, en el estilo y en todas las cosas, la suprema excelencia es la simplicidad”. La simplicidad nos permite interiorizar de manera certera aquellos aspectos indispensables que catapultan nuestras vidas hacia el éxito. Acota, específica e integra las experiencias verdaderamente relevantes de la vida.

¿Cómo podemos lograr instaurar hábitos y comportamientos que produzcan claridad y simpleza? A continuación os enumero cinco claves al respecto:

1. Genera un espacio diáfano y creativo a tu alrededor

Tu espacio personal (habitación u oficina) no debe estar sobrecargada de estímulos. Es recomendable que sean espacios diáfanos con poco mobiliario y a poder ser con algún elemento de la naturaleza que fomente tu creatividad, concentración y simpleza.

2. Ten un tiempo diario asignado para reflexionar o meditar

La meditación es una poderosa herramienta que nos permite conectar con la esencia y el núcleo de lo que verdaderamente somos (amor incondicional, compasión, creatividad y belleza). Esta nueva percepción de nosotros mismos propicia un estado en el que nos sentimos más relajados y conectados con la existencia, y en el que la creatividad fluye a otro nivel. La simpleza derivada de estar en un estado de no-mente hace que captemos los matices importantes y no nos detengamos en los aspectos superfluos del día a día.

3. Encuentra tu ámbito específico de realización

Encontrar el “elemento” al cual aludía Ken Robinson es una de las bases más importantes para obtener claridad y simpleza. Cuando encuentras tu ámbito y lo desarrollas con la mayor entrega y pasión posibles, las cosas se tornan simples y placenteras. Como reza el refrán: “Encuentra tu verdadera pasión y no trabajarás ningún solo día de tu vida”.

4. Vive plenamente anclado en el AHORA

La presencia y la conciencia preceden a la simpleza. Si eres consciente del momento que tienes y erez capaz de exprimirlo y disfrutarlo en todo su esplendor, desarrollarás la virtud de la simpleza. Las personas que aplican la simpleza son personas que no se ofuscan por situaciones inciertas que pertenecen a la ilusoria realidad del futuro. Estar plenamente arraigado al momento presente te permite ser tú mismo y mostrar tu autenticidad con un brillo resplandeciente.

5. Aléjate de la sofisticación

Aléjate de cualquier comportamiento, actitud o realidad que complique o enrevese las cosas. No permitas que la claridad y la simpleza que residen en tu interior se vean mermadas por pensamientos que empantanen y desvíen tu potencial hacia terrenos que nada tienen que ver con tu grandeza. En los pequeños detalles residen los grandes momentos, recuérdalo.

Seamos personas portadoras de claridad y simpleza a nuestro alrededor. Nuestra sociedad necesita una nueva visión acerca de lo verdaderamente relevante y cambiar los patrones con los que ha venido funcionando en los últimos tiempos. Las personas que han dejado huella en este mundo son personas que han aplicado con tremenda insistencia y perseverancia visiones simples pero poderosas. Lo sofisticado hastía pero la simpleza conmueve y perdura.

“Complicar las cosas es lo más fácil que hay. La simplicidad es el verdadero desafío”

- Robert James Waller

Os dejo una de mis últimas creaciones titulada el “Poder de la Gratitud”. La gratitud constituye la semilla de la verdadera felicidad. Una postura de agradecimiento nos abre la posibilidad de disfrutar y ser más auténticos con lo que nos rodea. Abramos nuestros corazones a este valor incalculable y compartámoslo con todos los demás.

¡Gracias! ;)

 

 

 

 

 

Ocho claves poderosas para conseguir relaciones fructíferas

relaciones

Todos los seres humanos nos sentimos más felices cuando nos encontramos profundamente vinculados a los demás. Al formar parte de una comunidad o grupo que entiende, potencia y comparte nuestros valores, somos capaces de desplegar más acertadamente nuestro abánico de potencialidades y habilidades. Las personas tenemos la necesidad de ser estimados y sentir que formamos parte de algo mayor, buscamos satisfacer nuestro sentido de pertenencia.

Las relaciones son el núcleo fundamental de esta honda necesidad en la persona. En ellas se encuentra el potencial de compartir, crecer y aprender. Toda relación sea del tipo que sea (profesional, amorosa, amistosa), juega un papel importante en nuestro desarrollo y aprendizaje. Como cita el escritor y poeta peruano Alex Pimentel; “Somos seres sociales por naturaleza, estamos condenados a agruparnos para conseguir la verdadera victoria”. Nuestra naturaleza esencial anhela y desea fervorosamente compartir, dar y experimentar grandes cosas con los demás. Toda evolución, hallazgo y descubrimiento que ha posibilitado mejorar ha sido concebido para y por los demás. Piensa en Edison, el invento de la bombilla no buscaba satisfacer sus propias necesidades, sino que tenía como cometido cumplir con las demandas de la gente.

Las relaciones fructíferas y sólidas sacan lo mejor de las personas. Cuando la gente se siente verdaderamente apreciada y estimada es capaz de manifestar lo mejor de sí. El feedback positivo resultante hace que se fortalezcan los lazos de confianza, seguridad y certeza, avivando las capacidades y recursos que ambas personas poseen. A mayor y mejor relación, mayor y mejor progreso y crecimiento. El propio proceso de compartir hace relucir y resplandecer las virtudes de cada persona.

A continuación me gustaría exponer ocho claves potentes para fomentar y conseguir relaciones de alta calidad:

1. Sé la persona más positiva y entusiasta que conozcas

Haz que cada relación e interacción con la gente sea positiva y cualitativa. Procura dejar siempre un gesto que aliente o alegre el día de tu prójimo. Marca una pequeña diferencia con cada persona que te encuentres, házle saber que es importante. Tanto tú como él notaréis la diferencia.

2. Sé puntual y considerado

La puntualidad es un rasgo muy revelador. Deja un sútil mensaje de nuestros estándares y de sobre cómo valoramos el tiempo de la otra persona. Es una muestra rotunda de respeto y apreciación.

3. Sé un un formidable y atento oyente

Es uno de los aspectos que más suele faltar en las relaciones. La escucha profunda, atenta y empática es una inmejorable manera de mostrarle importancia a la otra persona. Este tipo de escucha genera un espacio de confianza y buen clima en el que ambas personas intentan elevarse, entenderse y comprender mejor las situaciones que vivencian. Escuchar profundamente es vital para llevar las relaciones al siguiente nivel de mejora.

4. Conviértete en alguien apasionadamente interesado por la gente

Sé el tipo de persona que muestra interés por cada ser que habita este mundo. Sé compasivo y empático con todo aquel que verdaderamente necesite tu ayuda. Deja un pequeño aporte y mejora en el corazón de esas personas, diles que no están solas y que jamás caigan en el abandono. Sé la chispa que encienda su fuego interior, sé su apoyo constante.

5. Promete menos y cumple más

Desarrolla el valor de la integridad con todas tus fuerzas. Haz que tus acciones manifiesten tus más profundos pensamientos y desarrolla la congruencia ejemplar que haga reflexionar a tu círculo más cercano. Que cada huella que dejes impresa lleve el sello de tu verdad y conciencia interiores. Que tus acciones sean un modelo claro a seguir.

6. Desarrolla el cimiento básico de la confianza

La confianza es el pilar fundamental de una relación. Es el valor que propicia el crecimiento efectivo en las relaciones y las fortalece. Brinda confianza y aprende a valorar la que recibes. Sé el tipo de persona que inspira confianza e integridad allá a donde va. Recuerda que la confianza perdida es muy difícil de recuperar.

7. Sonríe a menudo y transmite vibraciones positivas

Las personas positivas contagian e irradian energía, felicidad y buenas vibraciones. Sé el tipo de persona que transmite esa energía a los demás en cada cosa que hace. La positividad engancha, conecta y libera nuestra verdadera esencia interior. Sonríe siempre que puedas y ten una cara amable y comprensiva con todo el mundo. Te convertirás en un modelo para muchos y conseguirás elevar los estándares. Para eso has venido a este planeta.

8. Haz de la amistad un arte

Ensalza la amistad allí a donde vayas. Conviértela en un arte maravilloso y bello. Forja relaciones con los demás que eleven tus pensamientos y los suyos. Procura crear relaciones basadas en la confianza, la honestidad, el amor incondicional y la comprensión. Que tu amistad sea una muestra excelsa de tu verdadero ser.

Manifiesta tus principios y valores en cada relación que suceda en tu vida. No brindes lo mejor sólo a tu pareja o a alguien que suscite en ti un amor especial. Cada persona merece ser amada y atendida por lo que ES, y merece saber que es importante. ¿Se lo vas a hacer saber?

 

“La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas”.

Aristóteles

 

Os subo un videopost en el que hablo sobre la HUELLA que podemos dejar en la vida.  Estamos aquí para dejar un legado, una huella imborrable a nuestro alrededor que sirva como revulsivo y ejemplo para todos aquellos que formen parte de nuestra vida. Está en nuestra mano vivir una vida llena de estupendas experiencias y aprendizajes que nos ayuden a crecer y evolucionar.

¡Feliz día!

 

Descubre tu genialidad

Genialidad

¿Estás dispuesto a desarrollar tus habilidades innatas de la mejor manera posible?¿Deseas lograr un conocimiento y desarrollo en tu ámbito que catapulte tu ser a lo más alto? Ser un genio en lo que haces no es algo que esté reservado a un tipo exclusivo de personas con una pericia exquisita y fuera de lo normal. La genialidad es algo que está al alcance de cada uno de nosotros, ya que todos sin excepción, poseemos habilidades, talentos y dones únicos esperando a ser potenciados de la mejor manera.

Sin embargo; ¿Por qué la excelencia y la genialidad son aspectos tan poco comunes y desarrollados? Creemos falsamente que el genio nace y no se hace. Pensamos que la genialidad es fruto de un don único y particular que no es susceptible de ser trabajado, interiorizado y aprendido. Construimos una creencia limitante y ficticia, en la cual, elaboramos un binomio que dice: Genialidad = Talento fuera de lo normal. De esta manera, teñimos la genialidad de exclusividad y particularidad. Con este pensamiento, solo unos pocos pueden saborear las dulces mieles que producen sus dones.

Por otro lado, a menudo juzgamos nuestros dones de manera equivocada, haciendo alusión o referencia a un campo que no es de nuestra especialidad. Pensamos, por ejemplo, que si no somos buenos en todo lo que tenga que ver con la inteligencia lógico-matemática no podremos satisfacer las demandas de otros campos, porque hay una inteligencia que “cojea”. Albert Einstein tiene una cita que refleja magistralmente esta visión: “Todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil”. Todos tenemos habilidades innatas que destacan sobre otras; cada uno de nosotros posee la capacidad de alcanzar la maestría y excelencia en su campo. La pregunta que surge ahora es: ¿Cómo materializar esa posibilidad?

El primer paso consiste en indagar y buscar cuál es nuestro don natural y en qué destacamos realmente. La manera de captar ese don consiste en tomar conciencia de cuales son las tareas que nos producen un estado de flujo y satisfacción particulares. Una vez hallado ese estado, debemos concentrarnos en ese ámbito y habilidad con la inquebrantable decisión de mejorar en ella diariamente, poniendo todas las ganas y visión en el don que se desea mejorar y crecer. ¿Crees que el éxito de los mejores genios en sus campos fue el simple producto de un don natural? Por supuesto que no fue así. Si miras la clase, la elegancia y la técnica que posee Roger Federer, puedes pensar equivocadamente, que el ya poseía todo ese abánico de recursos. Sin embargo, para alcanzar tal nivel de maestría Roger tuvo que implementar una fórmula que es extrapolable para cada uno de nosotros, esta fórmula tiene cinco componentes: Voluntad + pulir y acotar tu talento + dedicación + mejora diaria + tiempo.

1. Voluntad

La voluntad supone el requisito previo para manifestar y progresar en nuestras habilidades innatas. Saber que podemos marcar la diferencia, y estar decididamente convencido de conseguirlo es clave para alcanzar la maestría.

2. Pulir y acotar tu talento

Tenemos que ser específicos y enfocar la concentración en nuestro campo. Intentar generar un valor añadido en las acciones que empredemos. Hacer de nuestro talento algo propio, y pulirlo adecuadamente cada día.

3. Dedicación

Debemos dedicarnos en cuerpo y alma a nuestra tarea. Ser conscientes de que estamos haciendo todo lo posible para producir un progreso consistente. Establecer un plan de acción masivo que nos ayude a canalizar debidamente nuestras energías, para así generar grandes resultados.

4. Mejora diaria

Es importante establecer pequeñas mejoras cada día en relación a los hábitos, comportamientos y actitudes relacionados con nuestro talento. Sentir que cada día ha sido debidamente aprovechado, y que nuestro talento está perfeccionándose son grandes alicientes para nuestra autoestima y convicción.

5. Tiempo

La paciencia y el tiempo son dos aspectos indispensables para poder plasmar nuestro talento con el mayor éxito y efectividad. Debemos ser conscientes que las cosas llevan un proceso determinado de resolución y asentamiento. El tiempo es el valedor principal de nuestro esfuerzo diario, y los frutos resultantes van en directa consonacia con la persistencia dedicada día a día.

Descubre en que destacas, en que eres un genio, y trabaja incansablemente para modelar tu visión. Encuentra ese talento que produce que el tiempo se disipe y desaparezca. Trabaja y brinda el máximo en cada día para llevar tu habilidad a la cumbre de tus posibilidades. El mundo necesita más genios entregados y capaces de dar lo mejor de sí mismos. Personas comprometidas con un alto estándar de valores. Empieza HOY mismo a desarrollar ese gran talento, no lo desperdicies.

“El genio se compone del dos por ciento de talento y del noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación”

- Ludwig van Beethoven