El arte de preguntar

Las preguntas sirven para muchas cosas y todas ellas poseen una extraña cualidad; no puedes dejar de responderlas. Te obligan a reflexionar sobre tu experiencia, tus vivencias y actitudes. Incluso si la respuesta es “no sé”, para llegar a ello primero has tenido que pensar la pregunta y revisar tu experiencia.

Las preguntas son como faros que brillan en lugares oscuros e inhóspitos, si las enunciamos de forma correcta iluminarán áreas posiblemente desconocidas para nosotros. Cuando nos formulamos a nosotros mismos una pregunta poderosa, nos brindamos la oportunidad de revisar nuestra experiencia y nuestros recursos disponibles de una manera nueva y diferente.

Hay un relato Zen acerca de un hombre que busca desesperadamente algo bajo una farola. Un peatón se detiene para ayudarle y le pregunta:

  • ¿Qué está buscando?
  • Mis llaves -responde el hombre.
  • ¿Dónde las ha perdido? -pregunta el buen samaritano.
  • Oh, las perdí en casa -contesta el hombre.
  • Un momento -dice el esforzado caminante- ¿las perdió en casa y las busca aquí en la calle?
  • En casa está oscuro -responde el hombre- y no puedo ver. Aquí hay más luz, de modo que prefiero buscar aquí.

La clave en las preguntas es intentar arrojar luz en los lugares adecuados, ya que de no ser así, no podrán ampliar nuestra perspectiva, ni nuestro ángulo de visión sobre las experiencias vividas con anterioridad. Las preguntas arrojan luz sobre unas áreas, pero también dejan otras en la oscuridad. En otras palabras, las preguntas dirigen nuestra atención hacia determinadas cuestiones y, por consiguiente, las apartan de otras. ¿Cómo lo hacen? Sobre todo a través de las presuposiciones implícitas en las preguntas.

Una presuposición es una suposición que tiene que ser aceptada como cierta antes de pensar en la pregunta. Parte del arte de formular preguntas poderosas consiste en incorporarles las presuposiciones más potenciadoras que resulten posibles. Muchas personas formulan las preguntas con presuposiciones inútiles o perjudiciales. Por ejemplo, la pregunta “¿Quién es el culpable de esto?” Esta pregunta contiene dos presuposiciones: primera, que existe la culpa y, segunda, que hay alguien a quien se le puede atribuir. Ninguna de las dos es potenciadora. La culpa mira hacia atrás. Busca la responsabilidad de las personas para explicar el origen del problema.

Las preguntas pueden ser muchas y las diferentes técnicas para introducirlas prácticamente infinitas. Sólo debemos ser conscientes de su poder y de cómo utilizarlas correctamente y con eso, seremos capaces de cambiar nuestra vida para mejor, así también como todo lo que nos rodea.

¡Un gran saludo a todos! ¡Que tengáis un magnífico día! 😉

“Aquel que pregunta es un tonto por cinco minutos, pero el que no pregunta permanece tonto por siempre”

Proverbio Chino

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s