La naturaleza de nuestro falso yo: El ego

mascaras

El ego constituye una de las fuerzas más destructivas que existen en nuestro planeta. Esta fuerza es responsable de gran parte de los conflictos actuales y del afán desmedido del hombre por ambicionar todo tipo de poderes y riquezas a costa de otros congéneres. Lo que muchos no saben es que el ego constituye una falsa identidad que intenta suplantar nuestro verdadero ser, y que tenemos la posibilidad de erradicarlo y vivir con otras pautas de comportamiento que potencien las cualidades de nuestro verdadero yo.

¿Cómo podríamos describir al ego? ¿Cuál es su manera de procesar la información y de funcionar? El ego es un ente en eterno conflicto, su existencia se basa en desestabilizar, separar, juzgar y atacar. Nunca se encuentra en paz ni en tranquilidad con lo que le rodea, siempre se encuentra en un estado de continua alerta, deseando controlar todo cuanto pasa por su escrutinio. Sus principales deseos son el poder, la ambición, la riqueza y la exclusividad. La separación y la dualidad son las bases que cimientan su existencia.

Nuestro origen nunca tuvo nada que ver con el ego, al ser niños permitíamos que las cosas fueran y la ambición y la separación no entraban en nuestro intelecto ni en nuestro vocabulario. Pero de manera sutil, el ego fue entrando en nuestras mentes debido a diversos factores educacionales, sociales y religiosos que fueron moldeando nuestra percepción pacífica, unitaria e interconectada de nuestro mundo. Fruto de esta transformación perdimos nuestra esencia, verdad y sentido últimos.

Cuatro son los componentes con los que el ego erige su filosofía conflictiva y dualista, no teniendo en cuenta la verdadera esencia del ser humano que está alejada de todo conflicto:

1. “Quién soy es lo que tengo”

Desde el primer momento, recibimos el mensaje de que no tener nada es equivalente a ser un ser humano sin ningún valor como persona. Cuando adquirimos este componente de identificación del ego, aprendemos que cuantas más cosas acumulemos, más importantes somos. ¡Si somos lo que tenemos, entonces cuando no tenemos, no somos! Nada más lejos de la realidad.

2. “Quién soy es lo que hago”

El ego crea la visión sesgada de que el aprendizaje de las cosas que hacemos bien nos define de un modo especial y favorable. Por tanto, se nos evalúa en base al resultado específico de cómo hacemos determinadas tareas y no por la intención y ganas de prosperar ni aprender.

3. “Quién soy es lo que los demás piensan de mí”

A lo largo de la vida, nos bombardean con mensajes del ego intentando convencernos de que nuestra valía procede de las observaciones y opiniones de otros. El falso yo proclama como verdad que el responsable de nuestra validación es algo o alguien externo a nosotros. Nuestro auténtico yo, no necesita ninguna validación externa, tan solo necesita nuestra única aprobación interna para acometer cualquier tarea u objetivo con decisión.

4. “Estoy separado de todo y de todos”

De acuerdo con el ego, la ambición quiere que creamos que somos los únicos que importamos. Si nosotros creemos que estamos separados y que somos distintos de los demás, satisfacemos el programa del falso yo. El ego insiste en la separación porque así es como mina la lealtad del auténtico yo. Si reconocemos y respetamos nuestra conexión con el otro, descubriremos de manera paradójica que no existe un “otro”, sino una realidad conjunta en el que el todo se despliega en individualidades. De esta manera lo que es importante para mí, lo es también para ti, y ambos velamos así por nuestra realización.

Teniendo en cuenta estos cuatro factores, y siendo conscientes de ellos y de su despliegue, podremos reconducir nuestro comportamiento y nuestro ser. En este estado aflora nuestro verdadero yo, un yo compasivo, amoroso y unitario, que busca tanto su propio bien cómo el de los demás. Éste es un yo que no ambiciona, que no cree en la separación y que está dispuesto en todo momento a crecer, progresar y compartir todo cuanto tiene con los demás, debido a que el bien de los demás redunda en el suyo propio. Así nace la interconexión, un factor tremendamente creativo que logra un desarrollo exponencial en los diversos ámbitos en los que se aplica, ya que se produce un flujo de ideas creativas que se comparten de manera libre y sin contrapartidas de ningún tipo, produciéndose así una gran concienciación seguido de un fuerte progreso.

Sigamos el rumbo de la interconexión y abandonemos el improductivo sendero del ego.

“Toda la infelicidad se debe al ego. Él es la causa de todos vuestros problemas. Si negarais al ego y lo desintegrarais a base de ignorarlo, seríais LIBRES”

Ramana Maharshi

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