Conecta con tu verdadera grandeza

grandeza

Quisiera comenzar este post con una poderosa reflexión de Will Smith, la cual refleja la idea central de este artículo: “La grandeza no es una cualidad maravillosa, esotérica y elusiva que sólo los especiales entre nosotros saborearán alguna vez. Es algo que existe verdaderamente en todos nosotros. Su desglose es muy simple: Esto es en lo que creo y estoy dispuesto a morir por ello”. La grandeza responde al anhelo más genuino y profundo que existe en el ser humano. La capacidad de mostrar nuestra mejor versión y poder dejar un legado y un modelo de aprendizaje al mundo, para que éste adquiera una mayor y mejor conciencia.

Sin embargo, parece ser que nuestra sociedad y nuestro círculo más cercano han moldeado nuestras mentes para que nos despleguemos en el ámbito del conformismo y la mediocridad. Se nos quiere mansos e inactivos, sin grandes ilusiones que despierten el entusiasmo y la vigorosa pasión que propician el crecimiento y las grandes ideas. Recibimos sutiles mensajes, en los cuales captamos el desánimo imperante. “No es momento para embarcarse en aventuras” o “es demasiado arriesgado para nuestros intereses”. Excusas que minan el potencial interior, y que imposibilitan poder ver las oportunidades que aguardan esperando ser descubiertas.

La raíz fundacional de este pensamiento es el MIEDO. Miedo a salir de la esfera de lo conocido para adentrarse en la maravillosa aventura de lo desconocido. Como cita magistralmente Marianne Williamson: “Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es que seamos poderosos por encima de cualquier medida”. Tenemos miedo de mostrar nuestra verdadera grandeza al más alto nivel porque no nos creemos dignos ni merecedores de ella. Pensamos erróneamente que esta cualidad pertenece a una serie de elegidos, doctos o iluminados. Nada más lejos de la realidad. La semilla de la grandeza está depositada en cada ser humano que habita este mundo. Y esta semilla tiene el potencial de ser un gran y robusto roble resplandeciente al servicio de nuestro crecimiento y de la humanidad.

La gente aprecia realmente cuando se le recuerda que está destinada a jugar a lo grande. Que cada vida tiene el potencial de ofrecer algo inédito y positivo a este mundo. Cada ser humano tiene una finalidad y un propósito claros, la cuestión reside en encontrar ese valor añadido y ese porqué que cimienta nuestra existencia. De niños sabíamos y conocíamos genuinamente esta posibilidad. Por eso soñábamos, actuábamos sin miedo y vivíamos apasionadamente. Estábamos abiertos a las posibilidades y teníamos esa intuición notoria de que los sueños eran algo totalmente loables y realizables.

Es verdad que hay que pagar un precio para alcanzar la grandeza y saborearla. Pero como todo lo que sucede en nuestra sabia naturaleza, responde a una razón clara: “El valor que asignas a tus experiencias es directamente proporcional a tu esfuerzo y dedicación por conseguirlas”. Todas aquellas cosas que siempre hemos tenido sin haber realizado un esfuerzo consistente por obtenerlas no suponen algo, lo cual valoremos profundamente (a excepción de la familia). Sin embargo, cuando cumplimentamos un objetivo que nos ha llevado un esfuerzo y dedicación plenos, tendemos a valorarlo y apreciarlo enormemente. Es aquí cuando se me viene a la cabeza una gran reflexión del mentor de liderazgo Robin Sharma: “Las cosas que para ti son importantes aumentan de valor. Aquello en lo que medias y centras tu atención crece”.

Por tanto, aspiremos a ser personas que inspiren a los demás a mejorar y a buscar su mejor versión. Busquemos incansablemente ese nuevo listón que nos recuerde que nada es imposible para una mente lúcida y sabedora de su potencial. Démosle valor añadido a cada acción que emprendamos. Persigamos la excelencia en nuestro foco, actitud y comportamiento. Los seres humanos podemos realizar cosas absolutamente sorprendentes si recordamos quiénes somos realmente. Y si aspiramos con toda nuestra alma a mostrar la mejor versión de nosotros mismos, nada ni nadie nos detendrá. Vivamos nuestra vida al máximo.

 

“Estas tres señales distinguen al hombre superior: La virtud, que lo libera de la ansiedad; la sabiduría, que lo libera de la duda; y el valor, que lo libera del miedo”.

Confucio

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4 comentarios

  • Me alegra enormemente que este contenido haga aflorar lo mejor que hay dentro de ti María. La grandeza es nuestro sello de identidad como seres humanos, y aquello que realmente puede marcar una gran diferencia positiva en tu vida y en la de nuestro entorno. No permitamos bajo ningún concepto que anide en nuestra mente nada que no sea lo mejor en términos de crecimiento, prosperidad y realización.

    Adquiramos el compromiso de no hacer menos de lo que podamos dar, crear o hacer. Aspiremos a la excelencia en cada acción y actitud que emprendamos. Nuestra vida dará un salto cualitativo.

    Un cordial saludo.

  • María Cruz Clavero

    Estoy muy de acuerdo con lo que dice el post. En este momento de mi vida en el que me hayo perdida buscando mi camino, se me abren ante mis ojos un mundo de posibilidades. Aunque me da miedo no tener nada cierto, me alegra saber que con esfuerzo y dedicación podré encontrar lo que busco. Gracias Andrés, siempre me llega a lo más profundo lo que escribes.

  • Estoy absolutamente de acuerdo con la reflexión de Schwartz, Miguel Ángel. Son muy pocos los que están dispuestos a explorar el vasto potencial interior y más aún desarrollarlo de manera efectiva. El precio de la grandeza es alto, así también como sus frutos y ganancias.

    Nada de valor ha sido logrado sin entusiasmo, esfuerzo y dedicación.

    Un cordial saludo.

  • Miguel Ángel García Morcillo

    Ya dijo Schwartz que “No hay tanta competencia en los niveles de excelencia, la competencia la hay en los niveles de mediocridad”. Un gran post Andrés. Como dice un anuncio de una multinacional “Eres más poderoso de lo que crees”. Un placer leerte.

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