Sé apasionado y profundamente entusiasta

apasionado

La pasión y el entusiasmo son dos virtudes clave dentro de la jerarquía de valores del verdadero líder. Resulta imposible ejercer un liderazgo positivo y transformador sin la práctica consistente y decidida de estas dos cualidades esenciales. Cualquier persona u organización que aspire a liberar su potencial de manera efectiva y vigorosa debe progresar en el dominio de estos dos recursos, ya que, constituyen la savia para elevar el listón de pensamiento, actitud y acción.

En palabras del autor escoces Samuel Smiles: “El entusiasmo es el poder de todas las grandes acciones”. No pudo ser más certero y claro al respecto. Todo gran logro, descubrimiento, esfuerzo y entrega total han venido precedidos por una visión de fondo tremendamente entusiasta y apasionada sobre aquello que se deseaba conseguir. Estas dos cualidades son un mantra sencillo que los verdaderos líderes perfeccionan día tras día sin cesar.

Si nos fijamos en organizaciones punteras como Google, Apple y Virgin, podremos apreciar como aplican con elocuencia y sencillez estas dos virtudes. Sus líderes son almas que están abiertas a la vida y son profundamente curiosos con todo aquello que puede suponer un valor añadido tanto a su empresa como a los empleados que la integran. Richard Branson es el fiel ejemplo de un emprendedor apasionado que llegó a la cima de su negocio, y que a día de hoy sigue creando y generando nuevas ideas extraordinarias desde una postura y actitud entusiasta, vital y confiada. ¿Cuál es el valor asociado de esta actitud que adopta Richard? Que sus empleados transmiten con el mismo vigor y pasión los postulados que promulga su líder, y estos a su vez son captados fielmente por sus clientes.

Sin entusiasmo, vigor y pasión nadie puede llegar a la cima de sus capacidades. El motivo radica en que no podemos movilizar nuestros recursos sin antes creer apasionadamente en ellos, y en el impacto que pueden producir en nuestras vidas, y de aquellos que nos rodean. Es una condición sin la cual resulta materialmente imposible aspirar a un liderazgo altamente efectivo. Anthony Robbins resume este principio en lo que se conoce como el cuadrante de retroalimentación: Si tienes creencias limitantes, moverás un potencial limitado, el cual generará acciones pobres, que producirán resultados paupérrimos, y esto a su vez reforzará la creencia inicial, desde la cual se repetirá el proceso. Este cuadrante también se da a la inversa si se realiza una acción positiva sustentada en una creencia de la misma índole.

Llegados a este punto, ¿por qué la mayoría de nosotros actuamos desde una perspectiva en el que abunda la frialdad y la pasividad? ¿Por qué nos negamos a mostrar nuestra mejor cara y versión al mundo? ¿Por qué jugamos a lo pequeño? Estas preguntas resumen el panorama imperante en nuestra sociedad occidental, la cual se rige por unos estándares que dejan absolutamente de lado el crecimiento y la plenitud, buscando satisfacer otras demandas como pueden ser el dinero, el estatus y el reconocimiento. Con esto no quiero decir que anhelar estos valores sea algo poco loable o digno de alcanzar, sino que tenemos que ser conscientes de lo importante que es atender todas las necesidades del ser humano en su conjunto.

Jugamos a lo pequeño porque tenemos un miedo visceral tanto al fracaso como al éxito. Creamos toda una serie de excusas autosaboteadoras del tipo: “¿qué pasará si las cosas no me funcionan?”, “¿qué impresión voy a generar en los demás si no hago las cosas como los demás esperan?”, ¿qué pasa si alcanzo el éxito y no sé como manejarlo?”. Estas impresiones sesgadas son fruto de un sistema de creencias erróneo e ineficaz que solo busca la conformidad y que está basada en el miedo. El primer paso para transformar el miedo es ser consciente de como opera. Su voz no emana de nuestro corazón ni de nuestra intuición, proviene de nuestra mente, la cual, funciona etiquetando, juzgando, generalizando y protegiendo. Nuestra verdadera voz tiene certidumbre y fortaleza en sí misma y nace de la profunda convicción y certeza de ser alguien importante, capaz y creativo.

Por tanto, te invito a que cambies la dinámica, y seas una persona que haga gala de todo el entusiasmo y vitalidad posibles. Intenta ver la oportunidad y aprendizaje que reside en toda experiencia, y úsala en tu beneficio para crecer y agradecer los enormes recursos y ventajas que la vida te ofrece. Conviértete en un líder entusiasta que sea capaz de transmitir con convicción y claridad aquellos valores que ayuden a sacar lo mejor de cada persona con la que te relaciones. Acuéstate sabiendo que hiciste todo cuanto estaba en tu mano para propiciar una mejora sustancial en este mundo. Deja tu huella fuertemente impresa.

 

“No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira, tiende siempre hacia la altura”.

– Ruben Darío

 

Photo Credit:    www.facildedigerir.com

 

 

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