La materia prima del éxito consistente: La excelencia

swimming excellence

¿Qué parámetros puedes establecer para catapultar tu vida al más alto desempeño? ¿Cuáles son las características necesarias que puede adoptar aquel que está comprometido con la excelencia como forma de vida? Estas y otras preguntas se nos plantean cuando abordamos la naturaleza de este cualitativo, y a la vez, tan escasamente practicado valor, que forma parte ineludible del proceso evolutivo humano.

La excelencia responde al afán de auto-superación continua. En tu genética viene impresa la necesidad de progresar y evolucionar de manera efectiva y consciente, es decir, expandir tu conocimiento, adaptación y manejo en la realidad en la que te desenvuelves. De alguna manera, los seres humanos siempre han buscado la manera de romper los límites a los que se han visto sometidos, por parte de los que han ostentado el conocimiento “riguroso y válido”.

Sin embargo, puedes comprobar actualmente a tu alrededor que la excelencia, lejos de ser uno de los valores primordiales que constituyen la manera de funcionar y actuar de la mayoría, parece más bien un valor desdeñado y apartado de la concepción humana de posibilidad. ¿A qué se debe esta perspectiva limitante de pensamiento? La razón que subyace a esta manera de procesar la realidad se debe a que concibes la excelencia como algo casi heroico, solo apto para aquellas mentes privilegiadas capaces de concebir grandes gestas, visiones e ideas revolucionarias. Has convertido la excelencia en un valor inalcanzable, casi imperceptible para todos aquellas mentes que no conciben la maestría dentro de su ser.

Fruto de esta errónea concepción, nacen tres factores clave que han producido a mi juicio, lo que llamo la “mentalidad de la inmediatez, la mediocridad y la desidia”:

A) El primer factor es la escasez de perspectiva: al no concebir la excelencia como una posibilidad real de cambiar tu modelo del mundo, te adentras en un pantano apático de conformismo con lo que “es”. Sumado al hecho de que deseas y quieres tener casi todo sin realizar el esfuerzo pertinente, provocas un cortocircuito en tu creatividad mental para concebir maneras productivas de cambiar aspectos de la realidad personal que no te convencen.

B) El segundo factor predominante es el enrevesado arte de la excusa: nuestra sociedad es experta en crear excusas y culpables sobre casi todo lo que acontece, tanto si es de nuestra esfera de actuación como si se trata de una realidad que no nos atañe en absoluto. La excusa viene cimentada por la visión pobre y sesgada acerca de tu poder personal para controlar los acontecimientos; no crees tener el control de ejercer una participación activa y consciente sobre las experiencias de tu vida.

C) El tercer y último factor es el apego excesivo a la zona de confort: Como no crees tener la capacidad de generar una realidad motivante y potente, te quedas anclado en la comodidad de lo conocido y familiar. En palabras del célebre poeta y filósofo estadounidense H. D. Thoreau: “La mayoría de las personas viven vidas de tranquila desesperación”. La comodidad puede traer una tranquilidad aparente, pero a la larga siempre produce insatisfacción.

¿Cómo poder revertir estos factores en semillas de éxito y excelencia? En primer lugar, tienes que ser consciente de tu verdadero potencial como persona y conectar con aquello que realmente te apasiona para, de esta manera, poder plantearte producir un comportamiento que busque la excelencia y la disciplina, como premisa indispensable de una persona que dispone de autocontrol. En segundo lugar, tienes que forjar una mentalidad inconformista positiva, la cual esté dispuesta a replantearse tu modelo de posibilidad, así como la forma específica de construir hábitos y rituales saludables que expriman al máximo tus talentos y capacidades innatas. Es muy importante para este tipo de inconformista adoptar una actitud de curiosidad e indagación constantes que le permitan sacar a relucir una nueva perspectiva constructiva que cambien las reglas de su “juego interior”.

Para concretar estas dos visiones de forma más práctica quiero ofrecerte tres técnicas y principios potentes para alcanzar la excelencia:

1. Encuentra el propósito que define tu existencia

Es el paso previo necesario antes de la elaboración de cualquier plan de excelencia. Como dice acertadamente Séneca: “Para aquellos que no saben con certeza a que puerto se dirigen, ningún viento es propicio”. Si no sabes con seguridad que meta deseas alcanzar en tu vida, no habrá motivación, claridad ni ganas de emprender un plan autodisciplinado y consistente.

2. Modela tus creencias para que sirvan a tu favor y beneficio

Si quieres alcanzar una excelencia sostenible y continuada, tienes que modelar unas creencias que saquen a relucir todo tu arsenal y potencial disponibles. Ten en cuenta que las creencias son profecías cumplidas, y que cada filtro con el cual vislumbras la realidad, produce un resultado y forma idénticas a tu interpretación particular. Las creencias no son una declaración de verdad universal, sino algo verdadero únicamente para una persona determinada en un momento determinado. Tienes a tu disposición crear un camino lleno de oportunidades o límites. La elección que escojas depende exclusivamente de tu propio criterio.

3. Rodéate de personas altamente creativas, positivas y visionarias

El especialista en comportamiento humano y mentor de liderazgo John Demartini comenta con perspicacia lo siguiente: “Si te asocias con gente que habla y juega en pequeño, la consecuencia directa será que tu vida se tornará pequeña”. No puedes pretender aspirar a la excelencia y a la grandeza, si tu entorno no funciona con esos estándares. Rodearse de gente positiva, creativa y visionaria propicia un interés y una motivación por progresar voraces. Las ideas potentes que se comparten entre personas inspiradas se expanden con mayor facilidad y celeridad.

Despliega tu ideal de excelencia con la mayor convicción y energía posibles. Permite que este mundo adquiera una mayor y mejor conciencia con tu labor entregada y disciplinada. Haz que la excelencia se convierta en una de las prioridades de tu jerarquía de valores y juega a lo grande. Te lo mereces y ese es tu destino final.

“La productividad no es un accidente. Siempre es el resultado de un compromiso con la excelencia, la planificación inteligente y el esfuerzo concentrado”.

– Paul J. Meyer

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