Y vuelta a empezar… El resurgimiento del Ave Fénix

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Photo credit: shorturl.at/jwHR6

 

Han pasado más de tres años y medio desde mi última publicación en este blog, allá por Enero del año 2016. Muchos de vosotros os preguntaréis…¿Por qué Andrés desapareció de manera súbita del panorama bloguero sin dejar constancia ni rastro alguno de sus vivencias y experiencias? ¿Qué pudo haber pasado para que un escritor regular como Andrés no haya escrito ninguna sola letra en más de 1300 días?

A veces, la vida no sigue los derroteros que creíamos correctos y sensatos para nuestros intereses personales. Sobre todo, cuando esos derroteros u objetivos creados no conectan verdaderamente con nuestra esencia y manera de ver el mundo. Este va a ser el primer post publicado en este blog, que narre mi experiencia personal como forma de crecimiento interior y de auténtico renacer, en base a experiencias límite que viví en los años 2016-2017.

Antes de adentrarme en estas experiencias, quisiera hacer un esbozo de como fue todo mi recorrido, desde que termine la carrera en la Universidad hasta que decidí embarcarme en este proyecto personal, explicando algunos detalles relevantes de mi particular camino.

En el año 2012 me embarqué en un proyecto ilusionante que abría un nuevo capítulo en mi vida. Este proyecto dejaba atrás toda la esfera de comodidad y patrones predefinidos que hasta entonces habían regido mi día a día ( y la de cualquier veinteañero que siguiera los planes que “tocaban” en base a las expectativas familiares). De alguna manera, tenía claro que no quería seguir los caminos preestablecidos contenidos en el axioma: colegio, universidad, máster, trabajo; como si de una cinta mecánica industrial se tratase, lista para ofrecer un producto acabado que cumple con los requerimientos del mercado circundante.

Cuando termine la carrera de Humanidades en el año 2011, no tenía claro que rama específica dentro de todas las disciplinas de las CC.SS me gustaba más, y mucho menos aún como iba a ejercer o a buscar un trabajo que se adaptará a mis conocimientos y experiencias de aquel entonces. Lo único que tenía meridianamente claro es que me apasionaban dos ramas concretas dentro de todo el espectro de asignaturas que curse en la carrera, esas dos ramas eran la Psicología y la Filosofía.

Me encontraba entonces al finalizar la carrera con una única cosa clara, me gustaba la Psicología y la Filosofía como formas de modelar el mundo de una manera más constructiva y potente. Conecte con lo que a priori era mi pasión, mi nicho particular de gozo y disfrute, mi zona de flujo. Fue entonces cuando me embarque en una vorágine de autoaprendizaje para devorar todo cuanto existía relacionado con estas dos ramas.

Los años 2012, 2013 y 2014 fueron años de continuo aprendizaje, confrontación de ideas y proyectos propios vinculados al mundo del desarrollo personal, entre los que se encontraban este blog, entrevistas, un canal de youtube, y múltiples redes sociales en los que interactuaba con otras personas afines a mis intereses, modelando, comentando y creciendo a través de una miríada de temas relevantes e interesantes. Fueron años intensos, sacrificados y duros en los que deje de lado muchas comodidades y amigos, sin embargo, también fueron reconfortantes en términos de resultados, creatividad y producción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Photoshoot realizado por BiebelStudio en el año 2013 para la nueva estética de la marca personal

 

Pero como todos sabéis, no es oro todo lo que reluce, y como cualquier ser humano aspiraba a vivir de mi pasión de manera cómoda, y es aquí cuando comenzaron los problemas. Hasta el año 2014 tuve unos ingresos moderados que no me permitían despegar al ritmo que yo necesitaba, para poder crecer con garantías dentro de un nicho, que de por sí, ya se estaba masificando de manera exponencial año a año. El fenómeno del desarrollo personal se empezaba a saturar de todo tipo de productos, mensajes, especialidades y estéticas rimbombantes que poco o nada tenían que ver con la esencia del movimiento y su objetivo fundamental.

Fruto de este panorama, redoble los esfuerzos (trabajaba en el sector hostelero jornadas intensivas) para formarme e invertir una ingente suma de dinero en muchos cursos de marketing online, coaching (realice un curso en la escuela Crearte Coaching de Madrid certificado por la ICF), desarrollo personal, cursos de edición de libros y otras muchas áreas, para de esta manera tener más posibilidades de adentrarme en este nicho y poder vivir dignamente de ello.

Sin embargo, a pesar del esfuerzo realizado y la inversión económica utilizada para costear dichos cursos, los resultados esperados seguían sin llegar, y la ansiada libertad financiera, por ende, tampoco. Después de un año de transición como fue el 2015, en el que me dedique a trabajar muchas horas en el sector hostelero con jornadas intensivas de 10 horas para ahorrar dinero pensando en futuros proyectos; decidí a finales de este mismo año “cruzar el charco” e irme a Chile (país en el que nací y viví 12 años hasta el año 1998) para desconectar, descansar, reenergizar y reencontrarme con multitud de familiares y amigos, los cuales no veía hace 18 años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Exposición de automóviles antiguos como conmemoración del bicentenario de la independencia de Chile (Santiago de Chile, Mayo 2016)

 

En los primeros cuatro meses del año 2016, viví experiencias impresionantes cargadas de emocionalidad, reencuentros épicos con familiares y amigos, una relación amorosa vibrante, y una expansión creativa como antes no había tenido en términos de ideas. No obstante, lo que en principio se había presupuestado como un viaje de disfrute, desconexión y de reencuentros, se torno en un proyecto largoplacista de búsqueda de trabajo y concreción de proyectos, fruto de varios factores (algunos ya pensados, y otros surgidos en el recorrer del camino): Entre los factores ya tenidos en cuenta; tenía una necesidad imperiosa de materializar el proyecto, ya fuera en España o en otro país. Chile ofrecía a priori el panorama idóneo para emprender y buscar trabajo relacionado con mi área en alguna empresa con un enfoque de liderazgo claro.

También se hallaba en mí, una onda necesidad interna de probarme y de desafiarme en lo que a salir de mi zona de confort se refería. Chile aglutinaba un mar de posibilidades esperando a ser descubiertas, así como un aliciente importante en términos de amistades y familia, lo cual permitía comenzar un proyecto con un cierto avance en el aspecto emocional-relacional. Los factores que se fueron labrando en el camino, tuvieron que ver con la relación amorosa que se forjó en el mes de febrero, lo que sin duda fortaleció la decisión de quedarse y hacer lo que se conoce en el argot del poker como un “all in” y jugármela el todo por el todo.

Esta decisión lo CAMBIO TODO, a todos los niveles, en todos los aspectos, forjó puedo decir orgullosamente a día de hoy un nuevo Andrés. Pero no nos apresuremos, todo crecimiento real, consciente y maduro requiere su particular penitencia, sufrimiento y en algunos casos, como fue el mío particular visitar el mismísimo inframundo en donde Cerbero y Hades reinan sus tierras.

Una vez tomada la decisión de quedarse en Chile y forjar un nuevo proyecto, empecé a trabajar arduamente en conseguir trabajo. Lo que a priori parecía un panorama asequible y posible, dado los contactos y a mi formación, se torno en un particular camino sembrado de espinas. Chile justo empezó a atravesar a finales de 2015, una crisis bastante importante a nivel macro y micro-económico debido a una multiplicidad de factores políticos, económicos y sociales, cuya consecuencia fue una enorme destrucción de empleo, y un escaso incentivo por parte de empresas y multinacionales por contratar gente cualificada y especializada.

Ante este sombrío panorama, la dificultad se incremento exponencialmente y las entrevistas llegaban a cuenta gotas. Sin embargo, la realidad chilena a la hora de contratar a un candidato difiere mucho de España u otros países de Europa. Los filtros existentes (a veces 7 u 8, mínimo 4 o 5) entorpecían mucho el proceso de selección, sumado a la cantidad de candidatos existentes para ese puesto de trabajo concreto, hacía el objetivo prácticamente imposible de conseguir.

Fruto de esto, la ansiedad, el estrés y los agobios comenzaron a hacer acto de presencia recurrente en mí, dado que los ahorros iban mermando (el coste de la vida en Chile es bastante caro), y el trabajo no terminaba de llegar. En esta fase (junio a septiembre de 2016) pasé un auténtico calvario, afectando todo esto por supuesto a mi relación amorosa, a mi relación con la familia en Santiago, a mi autoestima, y a mi proyecto de vida que veía derrumbarse como una pirámide de naipes ante mis ojos sin poder frenar el tsunami que se me venía encima.

En Agosto, mis ahorros eran ínfimos y tenía prácticamente para subsistir un mes más sin tener que pedir ayuda a mi familia. Justo cuando parecía todo perdido, apareció la oportunidad que estaba buscando. Una multinacional llamada Ultramar abrió un proceso de selección en la que buscaban un Subgerente de Desarrollo Organizacional (un puesto de trabajo que se adecuaba a la perfección en relación con mis intereses y formación) para abrir nuevos proyectos en Santiago y en algunas de las distintas sedes que tenía por Sudamérica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el Palacio de la Moneda en Santiago de Chile (Febrero 2016).

 

Con el espíritu algo endeble pero con la ilusión intacta, fui allí a dar todo lo que humanamente podía para obtener ese puesto de trabajo, no en vano era el último cartucho disponible y había que vaciarse en el intento. Yo sabía que esta era la última oportunidad, y se lo comente claramente a mi novia para que supiera la realidad de lo que iba a acontecer si el trabajo no resultaba. Esto lógicamente generó una mayor fricción en nuestra relación, si bien intentamos llevar todo el proceso de la manera más positiva posible.

Fruto de esta situación, mi mente por momentos estallaba. Había un flujo incesante de pensamientos, panoramas y realidades alternativas que se posaban en mi cabeza lanzando multitud de preguntas e interrogantes: ¿Que será de mí?; ¿Tendré que dejar definitivamente de aspirar a lo que verdaderamente deseo?; ¿Cómo afrontaré el fracaso?; ¿Podré aplicar verdaderamente lo que predico en esta situación límite?; ¿Verdaderamente valgo la pena?

A pesar de no estar bien emocional y psicológicamente conseguí pasar varios filtros de la entrevista, parecía que se podía abrir una ventana en el que entrase algo de aire fresco y posibilidad. Día 1 de Agosto de 2016, me comunican que he pasado a la terna final (quedamos solo 3 aspirantes para ese puesto después de 6 filtros), y que la última entrevista sería el día 2. Me levanté ese día de la cama con ganas de comerme el mundo, obtuve de manera casi milagrosa una energía que fluía a raudales y una convicción nunca vista, hacia mis adentros pensaba, nada ni nadie me va a apartar de esta oportunidad.

Una vez allí, me toco lidiar con los “peces gordos” de la empresa, en una entrevista ante 4 personas que bombardeaban preguntas de todos los tipos y perspectivas, una especie de acoso y derribo del que milagrosamente salí airoso. Mi sensación personal era bastante buena en cuanto a la seguridad que transmití, así como lo resolutivo que fui a la hora de contestar las preguntas con precisión y sin divagaciones.

El trabajo ya estaba hecho, y solo quedaba esperar a la escueta respuesta que recibiría por parte de la empresa en dos-tres semanas. Una respuesta que ofrecía consecuencias diametralmente opuestas, una verdadera disyuntiva que ofrecía dos panoramas radicalmente distintos en mi vida, y que de una forma u otra la cambiarían para siempre. Por un lado, si salía el trabajo empezaría una nueva vida en Chile, con una gran comodidad económica, comenzando un proyecto de vida con mi novia de aquel entonces, y vislumbrando perspectivas de crecimiento mayores en el terreno laboral. Por otro lado, si el trabajo no salía, me tocaba volver a España prácticamente sin dinero, sin un proyecto ni rumbo claros, volver a vivir con mis padres, y con una sensación de “fracaso” cargando a mis espaldas habiendo perdido muchas cosas en el camino, o por lo menos eso era lo que pensaba entonces (ahora puedo decir todo lo contrario).

Como os podéis imaginar, los 20 días siguientes a la entrevista fueron una bomba de relojería mental en la que continuamente mi mente divagaba en todas las alternativas posibles y las repetía como si un disco rayado se tratase. No hubo un ápice de tranquilidad ni sosiego esperando a recibir el veredicto o sentencia, que lamentablemente para mí en ese momento, así lo sentía. A pesar de haber hecho todo lo humanamente posible para intentar que las cosas funcionasen, mi mente no tenía paz, era un mar de dudas y reproches, luego entendería con claridad el porqué.

Y llego el ansiado día en el que me dieron la respuesta. Una mujer de voz dulce me dice: “Lo primero quería felicitarte por tu proceso de selección y por todo lo positivo que brindaste a lo largo de el, pero lamentablemente NO has quedado con el puesto. Espero que tengas suerte en los próximos procesos, que tengas un excelente día”. En ese preciso instante sentí literalmente como si el mundo se me viniera encima con todo su peso y carga, yo era Atlas pero el mundo había caído sobre mis hombros, toda esa entereza, toda esa fuerza, toda esa ilusión que había mantenido por el proyecto se esfumo por completo. En mi mente, yo había “fracasado” y no había conseguido cumplir con los objetivos y las expectativas, me sentí completamente desvalido. Se había dictado sentencia.

Todos los miedos que mi mente había contemplado como posibles ahora eran reales. Tocaba volver a España sin nada, como el hijo pródigo que vuelve a casa de sus padres tras haber despilfarrado la herencia y las oportunidades brindadas (estas analogías las sentía así en esos momentos, ahora lo vislumbro todo con otro matiz muy diferente). Imaginaros por un momento, haber invertido tantas fuerzas y ganas en un proyecto, y ver como se derrumba en tu cara, perdiendo el dinero, el trabajo, a la novia, la familia que había allí, en definitiva, todo. Ahora hoy en día, después de haber renacido por completo, siento que todas estas experiencias eran vitales para mi crecimiento, mi desarrollo personal y mi madurez como ser humano. Sin embargo, en aquel entonces lógicamente fueron mi penitencia en el inframundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En una casa colonial alemana en Frutillar (Región de los Lagos, Sur de Chile) en Julio de 2016.

 

Los siguientes 12 meses (Septiembre 2016-2017) fueron un auténtico calvario en mi experiencia vital. Sin adentrarme en demasía en los sucesos concretos que sucedieron, creo sin embargo, que esta experiencia era absolutamente necesaria y trascendental para el devenir de mi existencia. Creo de manera sincera que nunca había visto la cara B de la vida hasta ese entonces. Mi vida hasta los 27-28 años nunca tuvo grandes altibajos ni vaivenes, y siempre creía que las experiencias límite las vivirían otros y nunca yo mismo, craso error por supuesto. De alguna manera, me veía como con cierta aura de “invulnerabilidad” dado mis conocimientos y experiencia dentro del mundo de la psicología, como vía y manera de gestionar mis propias emociones, problemas y experiencias; creía de manera ilusoria que yo estaba exento de toda esta problemática humana de la negatividad, la depresión, emociones improductivas, desazón, y un sin número más sensaciones incómodas que todo ser humano, le guste o no le tocará enfrentar.

Todas estas vivencias me hicieron replantearme la vida de una manera radicalmente opuesta a como creía que esta tenía que ser vivida. Poco a poco fui captando matices y aprendizajes diferentes que conectaban mejor con mi esencia y con mi perspectiva real de vida. Antes de la depresión que tuve en 2016-2017, vivía con miedo y ansiedad de mostrar mis vulnerabilidades, mis debilidades y puntos de mejora, creé sin darme cuenta una carcasa, en la cual enseñaba solo la cara A de mi existencia, mis éxitos, mis fortalezas, mis conocimientos, siguiendo una vida que aunque genuinamente buscaba no ser convencional en términos de manifestar mis pasiones, al final se adhería a ciertos estándares absurdos de éxito que la sociedad pauta y marca como los únicamente válidos o susceptibles de ser tenidos en cuenta.

Tenemos que estar muy atentos de todo este “bagaje” que llevamos en nuestro subconsciente, con respecto a cuáles son los estándares de éxito. Hoy en día más que nunca, abunda una sutil perspectiva de narrar en todo tipo de redes la cara dulce de la existencia, la cara amable, light, desenfadada e invulnerable de nosotros mismos (yo mismo he caído en este tipo de actitudes), creando de esta manera una especie de doble realidad, la cual no permite manifestar nada que salga de ese canon de cuasi perfección. Esto sin duda genera fricciones internas, ansiedades y malestares, porque nuestro interior no puede ser engañado, y conoce la realidad última de lo que somos, por lo que si se produce una incongruencia entre lo que mostramos, y el verdadero momento que estamos pasando, el malestar se hace muchísimo mayor y más hondo.

Como relataba antes, toda mi vivencia y experiencia en estos años tan intensos trajo un mar de cambios en múltiples áreas. Lógicamente todo este proceso ha sido muy arduo de digerir, y he tenido que literalmente recalibrar muchos comportamientos, actitudes y maneras particulares de ser en el mundo, que ya no eran útiles y productivas para mis objetivos particulares.

Es aquí cuando entra en escena el mito del Ave Fénix, una particular simbología que siempre me ha atraído muchísimo de manera inconsciente y consciente, y que por casualidades o destino en la vida me ha tocado incorporar y asumir de manera total en mi existencia. En palabras del célebre psicólogo y fundador de la escuela analítica Carl Gustav Jung, el Ave Fénix simboliza: “El ave Fénix, destruye y se destruye para volver a construir y edificarse, pues el verdadero significado es eliminar lo existente para volver a crearlo en nueva forma. Debemos volver al cuerpo para recrear el espíritu y dar así una nueva realidad a la experiencia humana”. 

En mi caso particular, lleve como fondo de pantalla del ordenador unos 10 años consecutivos a este arquetipo tan conocido como es el Ave Fénix. Siempre tuve una fascinación y una admiración por la simbología que representaba y por su elemento constituyente: el fuego. El fuego constituye la materia prima de la creación y la destrucción, la vida y la muerte, así como valores adheridos como la pasión, entrega, intensidad y resiliencia, valores con los cuales me siento muy identificado.

Tuve que experimentar en mis propias carnes la destrucción total y el verme despojado de casi todo, para así volver a renacer de nuevo con nuevas miras, perspectivas e ilusiones capaces de cambiar las reglas de juego y producir un nuevo yo más evolucionado. Como no acordarme de la sesión que tuve como mi gran amigo Sebastián Darpa en Zaragoza, el cual conectó todas mis vivencias pasadas con un porqué y un sentido claros, diciéndome sin que nunca siquiera habláramos del tema, que el animal que yo encarnaba era el ¡¡Ave Fénix!! Me acuerdo que fue un momento emocional muy intenso en el que lloré a mares, sentí de manera clara en que todo había pasado como parte de un plan claramente orquestado para que yo pudiera crecer, evolucionar y ser mejor persona. Sentí que todos los cabos estaban unidos y que podía empezar en paz y con fuerzas renovadas un nuevo proyecto y un nuevo puerto de destino.

A día de hoy, puedo decir felizmente que 2019 está siendo el mejor año de mi vida, en primer lugar, porque he conocido a una mujer excepcional que ha pesar de encontrarse lejos me ha demostrado un amor incondicional fuera de este mundo; he podido disfrutar de viajes maravillosos y muy enriquecedores en Ecuador y Francia; he tenido la opción de cumplir el sueño de mi vida como amante del tenis viendo a Federer en directo en los cuartos de final de Roland Garros; he podido viajar con Karen y conocer su hábitat en Ecuador, disfrutando de cada palmo del camino en lugares de ensueño difícilmente descriptibles…. pero sobre todo, porque ha nacido un nuevo Andrés, más vibrante, más maduro, más experimentado, y con ganas de comenzar una nueva etapa y proyecto que va tomando forma adecuada, y que me permite de manera ilusionada otra vez dar lo mejor de mí para crear mi vida según los estándares que yo considere importantes.

Nunca dejéis de creer en vosotros mismos a pesar de todas las oscuridades, dificultades y obstáculos que la vida os presente. ¡Todos lleváis un Ave Fénix dentro!

 

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