El epicentro del verdadero liderazgo: La integridad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Era un día frío y desapacible de finales del mes de Enero, en un terreno boscoso y denso que eliminaba cualquier mínima posibilidad de erradicar la monotonía del momento. En esta situación, se encontraba un candidato de las OCS (Escuela de Candidatos a Oficiales del Marine Corps), al cual se le destinó la responsabilidad de vigilar un puesto de guardia durante toda la noche, lamentablemente, no cumplió con su cometido quedándose este dormido.

El coronel que se encontraba al mando de esta escuela, se puso a meditar seriamente si dicho comportamiento merecía una expulsión inmediata de la Escuela de Candidatos. Un consultor reputado que ese día estaba presente en la reunión de la plana mayor para encarar unos asuntos formativos, le espetó: “Son ustedes más estrictos de lo que pensaba. Aquel hombre solo se quedó dormido. No estaba en el campo de batalla; no puso en peligro ninguna vida, simplemente se quedo dormido en el bosque de Virginia. ¿Y eso basta para truncar su carrera?

“No tiene nada que ver con que se durmiese”, replicó el coronel. “Cuando lo interrogamos lo negó. Cuando se lo volvimos a preguntar lo negó otra vez. Solo cuando le enseñamos una prueba irrefutable, asintió”. El coronel explicó al consultor que la confianza y la integridad se consideran cuestiones de vida o muerte en el cuerpo de marines. Y que si ese acto concreto (mentir y faltar a la verdad), se traslada a un acto en donde se está realizando una operación real, esa actitud o vacilación puede ocasionar la muerte de un compañero.

Esta historia que acabo de narrar puede ser aplicable a organizaciones y multinacionales que operan hoy en día. Aunque las decisiones que puedan adoptar no supongan un golpe letal o una muerte prematura como en el cuerpo de marines; muchos líderes actúan con falta de ética y sobre todo de integridad para decir con franqueza el rumbo que está adoptando su compañía en diferentes niveles, en los cuales, todos los integrantes de esa organización pueden verse afectados.

Si de alguna manera, sospechamos que nuestros líderes desvirtúan o difuminan la verdad para favorecer su propio interés (y generalmente el de sus accionistas), esto propicia de manera inevitable una “desconexión” y escasa implicación por parte del resto de la jerarquía que compone la pirámide organizacional. Nuestro subconsciente entra en modo supervivencia, y deja de un lado el aspecto cooperativo y creativo que se genera cuando un líder crea un espacio de seguridad y confianza, el cual, va refrendado por los valores y la causa que inspira a la organización existir y crecer.

“Si sospechamos que nuestros líderes desvirtúan o difuminan la verdad para favorecer su propio interés (y generalmente el de sus accionistas), esto propicia de manera inevitable una “desconexión” y escasa implicación por parte del resto de la jerarquía que compone la pirámide organizacional“.

La integridad supone el cimiento básico y estructural con el que se construye la confianza en las relaciones personales y organizacionales. Necesitamos saber con certeza que cuando un líder nos dice algo, lo dice en serio. Si dudamos de su integridad, no podemos confiarle nuestro trabajo, productividad y esfuerzo sostenido en el día a día. La integridad se da cuando nuestras palabras y nuestros actos son coherentes con nuestras intenciones.

La falta de integridad en la vida y en el mundo de los negocios, se suele traducir en dos aspectos dañinos para el progreso de una organización: la hipocresía y la mentira. Muchas veces en las organizaciones, el líder no dice la verdad por la que está pasando su organización, sino muchas veces lo que sus directivos, accionistas y trabajadores quieren oír. Esto mina por completo, el establecimiento de un círculo de seguridad en la organización, que produzca trabajadores que se sientan a salvo, seguros y protegidos dentro de ésta, y no aislados y vulnerables.

Para los líderes realmente comprometidos con los valores que originan el porqué de su organización, la integridad compone el fundamento último, la base de la pirámide sobre la que se erigen todos los demás valores que componen la cultura organizacional. La actitud de poner primero a las personas y el compromiso de velar por su seguridad, crecimiento y realización son la esencia de una organización que responde a un propósito mayor que tener sus cuentas balanceadas en el corto plazo y fijarse de manera desproporcionada en los beneficios netos anuales.

Nos guste más o menos, los líderes de las compañías son quienes marcan el tono y la dirección para su gente. Los líderes hipócritas, mentirosos y egoístas crean culturas con valores degradantes que a su vez fomentan este tipo de comportamiento en su gente, destruyendo a largo plazo el potencial que es capaz de producir dicha organización. Por el contrario, los líderes cuyo objetivo primordial es decir la verdad de manera franca, objetiva y constructiva, crearán una cultura de personas comprometidas y veraces. Y como ya se sabe: así como es el líder será la organización.

La actitud de poner primero a las personas y el compromiso de velar por su seguridad, crecimiento y realización son la esencia de una organización que responde a un propósito mayor que tener sus cuentas balanceadas en el corto plazo y fijarse de manera desproporcionada en los beneficios netos anuales.

Todos deberíamos fijarnos en nuestros directivos y líderes para los que trabajamos y preguntarnos: ¿Me gustaría estar en una trinchera contigo resistiendo cualquier embate? Si la respuesta es no, la conclusión es evidente: la organización no tiene como pilar vertebrador la confianza y la integridad, y más tarde o temprano estará abocada al fracaso.

 

 

“Si contratas personas solo porque pueden hacer un trabajo, trabajarán por tu dinero. Pero si contratas personas que creen en lo que crees; trabajarán para ti con sangre, sudor y lágrimas”.

Simon Sinek

 

Bibliografía utilizada:

SINEK, S. (2014). Los líderes comen al final. Por qué algunos equipos funcionan bien y otros no. Barcelona: Empresa Activa.

 

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